2020/10/07 Arturo Ignacio Siso Sosa: El niño y el anciano
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Tiempo. El tiempo es algo gracioso. A veces puede parecer que se arrastra y dura una eternidad. Hay otros momentos en la vida en los que el tiempo puede pasar en un abrir y cerrar de ojos.

Muchos de nosotros podemos recordar nuestra infancia o cuando nos convertimos en adolescentes y sonreír, recordando las ocasiones en que pudimos haber hecho algo tonto, tonto o inmaduro. O tal vez recuerdas los casos en los que solías soñar despierto, pensando en el día en que crecerías y "serías grande" como tu mamá o tu papá ... o tal vez tu hermano o hermana.

Hoy, la mayoría de nosotros somos adultos. Estamos ocupados con nuestra vida diaria con el trabajo, la familia, los deportes, etc. ¿Con qué frecuencia dedicamos tanto tiempo a nosotros mismos y a lo que hacemos, que nos olvidamos de las personas importantes en nuestras vidas ... las personas más jóvenes y mayores?

A medida que el tiempo avanza a lo largo de nuestras vidas, debemos recordar que, por mucho que nos cuidaran y amaran cuando éramos más jóvenes, es importante que nunca olvidemos que las personas mayores también necesitan sentirse amadas, necesitadas y cuidadas.

La siguiente pequeña historia / poema del autor y poeta Shel Silverstein, es una hermosa ilustración de la relación entre un niño y un anciano que debería ser un buen recordatorio para nosotros de que siempre debemos tener un corazón compasivo no solo por una persona joven. pero también para los mayores.

EL NIÑO Y EL ANCIANO

Dijo el niño: A veces se me cae la cuchara.

Dijo el viejecito, yo también hago eso.

El niño susurró, me mojo los pantalones.

Yo también, rió el anciano.

Dijo el niño, a menudo lloro.

El anciano asintió. Yo también.

Pero lo peor de todo, dijo el niño,

Parece que los adultos no me prestan atención.

Y sintió el calor de una vieja mano arrugada.

Sé lo que quieres decir, dijo el viejecito.

-S. Silverstein


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